¿Quién me mandaría a mí...?

30 septiembre 2005

Moquear...

Dentro de los misterios del universo, está la afición del cuerpo humano a la humillación de su portador. Casos particulares son los de ponerse rojo en los momentos más inapropiados, tener algún tipo de estornudo gracioso o sufrir de tics motivo de chanza...

Pero los peores casos de todos son los derivados de cierto tipo de enfermedades que si bien no graves, son sumamente molestas, como es el caso de los resfriados. Al cuerpo no le basta con que te duela la cabeza, estés cansado, apático, mareado y febril. Nooo, eso sería molesto, pero no humillante... El cuerpo prefiere que estornudes sin parar (como seas de los del tipo gracioso, es tu fin) y moquees descontroladamente.
El moqueo en sí no sería humillante sin ciertas características que hacen de la actividad de sonarse la nariz un auténtico acontecimiento social.
Para empezar, hay que tener pañuelo a mano. Como se te ocurra acatarrarte sin tener pañuelos, puede ser tu fin. Por supuesto, en estos casos, el cuerpo reserva una variedad especial de moqueo que es más agua que otra cosa, para que puedas presumir de estalactica nariguera delante de tus amistades.
Si al final consigues pañuelos. Lo más probable es que el sonido que emitas al sonarte se digno de la tuba de la Filarmónica de Viena. Cuanto más imprescindible sea el silencio en el momento de sonarse, más "trompetera" será la calidad sonora del evento. Gente con iniciativa puede incluso intentar tocar alguna escala mientras se desatasca.
Después está la cantidad de sonados por minuto. A niveles altos de spm uno empieza a desarrollar una rojez e hinchazón de la nariz característica y que te termina convirtiendo en Miliki (por lo menos). Por supuesto, tu condición de payaso quedará reflejada socialmente por la cantidad de burlas recibidas ante semejante boniato.
No se te ocurra compartir cama. Por las noches no te puedes sonar y la nariz tiende a taponarse completamente excepto por un pequeño canal capaz de emitir un silbidito infernal que hará que aquel/aquella/aquellos/aquellas pobre/pobres desgraciado/desgraciada/desgraciados/desgraciadas que duerman contigo prepare/preparen planes para matarte o al menos producirte un dolor tan insoportable como tu flautín nariguero...
Y no hablemos si el catarro es de secreción abundante. Entonces, te puedes encontrar desbordando pañuelos y realizando malabares para no ponerte perdido. Sin duda, el más difícil todavía...

Vamos, que ponerse malo es peor que una venganza. Y sí, me estoy acatarrando...

26 septiembre 2005

Crónicas Vitorianas

Ya estamos de vuelta de un cursillo más. Las sensaciones, parecidas, y es que uno ya va teniendo experiencia en esto. El cuerpo, mejor de lo que me esperaba, que al fin y al cabo han sido varias palizas de entrenamiento. Sobre todo el Sábado que fueron 6 horas ni más ni menos...

La Sayonara (la cena que hacemos todos los del curso en plan festivo) estuvo genial, como siempre que vamos por allí. La única pega es que a diferencia de otros años, la competición era en Domingo, lo que suponía tener que irse a la cama pronto para poder rendir al día siguiente.

¿La competición? Si lo llevo a saber me voy de fiesta. Lo cierto es que me salió bastante mal y acabé decepcionado conmigo mismo, pero qué se le va a hacer. Así son los deportes de competición, que muchas veces palmas casi sin darte cuenta. Lo único que se puede hacer en estos casos es levantarte y seguir.

Ayer hicimos el viaje en unas 5 horas y llegamos bastante cansados en general. Da lo mismo. Hoy iré a entrenar. Es lo único que puedo hacer si quiero mejorar cada día un poco más...

No queda más que agradecer a toda la gente que hace esto posible cada año. Organización, senseis, compañeros de entrenamiento y de club. Gracias a todos.

22 septiembre 2005

Otoños de eclipse

Mañana empieza el otoño. A mí me pillará en Vitoria, después de mi primer keiko y del comienzo de un cursillo más de kendo. Lo más curioso es que además habrá un eclipse anular de sol el 3 de Octubre, o sea que será una forma curiosa de comenzar el frío. A ver si de paso llueve un poco, porque nos estamos secando de mala manera...

El motivo de esta entrada es hablar de la fascinación que históricamente le ha producido a la humanidad la astronomía. El zodiaco, el miedo apocalíptico a los eclipses (sobre todo en la edad Media), el "y sin embargo gira" de Galileo son ejemplos de que todo lo que nos ha hecho mirar hacia el cielo ha sido objeto de cierto misticismo a lo largo de la histora.
Aún hoy, la gente se queda embobada mirando la luna llena, las auroras boreales o las lluvias de estrellas. En cierto modo, los fenómenos astronómicos son una forma ideal de sentirse pequeño frente al Universo. Seguramente eso es lo que más fascina de los mismos. La inmensidad. Al fin y al cabo, son fenómenos que suceden a millones de kilómetros (miles en el mejor de los casos) por encima de nuestras cabezas y aún así somos capaces de verlos. Ciertamente es una forma ideal de ver que uno es una motita de polvo en la infinidad del Cosmos...

A mí, particularmente, me encanta mirar al cielo, aunque reconozco que no soy de los afortunados poseedores de un telescopio, ni de los que puedan mirar hacia arriba y ver algo. Más que nada porque Madrid tiene una contaminación lumínica bestial, así es que toca irse lejos de la ciudad para poder distinguir algo.
En cualquier caso, he tenido la suerte de ver algunas cosas, como un eclipse total de sol que hubo no hace muchos años y que sólo se podía ver bien por Galicia (en general, el noroeste de España es buena zona para ver fenómenos astronómicos), una aurora inmensa de cuando estuve en Finlandia (mucha gente se reirá de este comentario) y varias estrellas fugaces (sin llegar a una lluvia de estrellas, que aún tengo pendiente). Todavía sé que me queda mucho por ver, aunque aspiro a convertirme en un miracielos algún día de estos.

20 septiembre 2005

Ese regusto masoca...

Bueno, pues ayer entrenamiento de kendo y como mandan los cánones antes de ir a competir, paliza monumental y a aguantar como se pueda. Este fin de semana hay campeonato y cursillo en Vitoria y hay que intentar dejar el pabellón bien alto.

Lo que no deja de sorprender es esa cierta tendencia al masoquismo de la gente, al fin y al cabo, el refranero popular, que es sabio, ya nos advierte del tema: "La letra, con sangre entra" "Si escuece, cura" y otras perlas de ese estilo nos demuestran que el ser humano disfruta sufriendo. Si no, no se explica el deporte de alta competición, ni el de media, ni el amateur si me apuras.

En el caso particular del kendo, uno se expone a diversas amenazas: ampollas, grietas y heridas diversas en los pies, probablemente también en las manos, golpes fuera (algunos bastante dolorosos), sesiones maratonianas de entrenamiento, etc... Pero aún así, una vez se llega a un punto, ya no se puede dejar. Se tienen que dar circunstancias muy desafortunadas para que la gente lo deje pasado un tiempo. Y es que al fin y al cabo, los beneficios superan ampliamente a los perjuicios. Los beneficios dependen de las personas. Cada uno busca algo distinto cuando se pone a practicar una afición, sobre todo si es un arte marcial. Y sobre todo si se hace en serio y no se es el típico flipadillo. Para mí, el kendo supone autosuperación, constancia, paciencia, el adquirir un fondo físico a prueba de bombas y una forma de conocer gente fantástica. Eso sí, eso no te libra de llegar y pasarlas canutas cuando el entrenamiento se pone exigente.

Y el que habla de kendo puede hablar de cualquier otra cosa. Cualquier afición que uno tenga al final supone sacrificios que pueden llegar a ser elevados, pero que uno paga gustoso por hacer lo que más le gusta. En el fondo, es que somos de lo que no hay...

16 septiembre 2005

Al fin y al cabo, todos meamos

Se puede ser el presidente del país más poderoso de la Tierra, manejar cifras de presupuestos con tantos ceros como ruedas tiene un trailer, invadir países casi por capricho en aras de la "libertad", cumplir o incumplir protocolos medioambientales según el interés industrial, pero hay algo que incluso alguien así no puede eludir (aparte de la muerte, claro está), y es una visita regular a nuestro famoso y nunca bien ponderado Señor Roca.

Supongo que la señorita (o señora) Condoleeza Rice debe de ser una sargentona de mucho cuidado, como para mantener a raya a Bush hasta el punto que le pide permiso para ir al baño...
La otra opción es que Bush, después de casi 5 años de mandato y varios congresos de la ONU, aún no sabe si se puede levantar a mear o no. Vaya, que no se conoce el protocolo de la cámara.
No sé cuál de las dos opciones es la peor. Lo que está claro es que no me gustaría ser el señor Rice XD

15 septiembre 2005

Se buscan nombres...


Bueno, una vez dado el paso de "engendrar" esta criaturita, ahora hay que darle un nombre apropiado.

El original "¿Quién me mandaría a mí...?" es, a menos que cambie de idea, temporal. Aunque es realmente el que mejor encaja con el espíritu de la bitácora estos momentos iniciales. Nunca me ha gustado dejar cosas abandonadas una vez las empiezo. Y ahora mismo no estoy muy seguro de si podré mantener este "bicho" hambriento de palabras que es una bitácora.

Curiosamente, hace nada terminé de leer The truth, vigesimoquinta novela del Mundodisco y que trata sobre una la llegada de la imprenta al loco mundo de Pratchett. Reseñas, otro día...
El caso es que la imprenta del libro, que no tenía nada maléfico en sí misma (los que lean Pratchett sabrán que esa es una característica excepcional, ya que todos los descubrimientos que aparecen en sus novelas suele ser bastante maléficos) parecía a ojos del protagonista, como un animal hambriento de páginas y de letras. Daba igual lo que le alimentaras, siempre tendría sitio para algo más.
Un poco es lo que pasa con esto de las bitácoras, al principio uno los coge con mucho empeño y dedicación, escribiendo incluso varias entradas diarias (Nota mental: "¿Tú te has visto, lechón?") y luego terminan abandonadas por algún lugar oscuro de nuestras descuidadas cabecitas.

Espero que no sea el caso. Todo el mundo tiene siempre algo que contar. Y al final termina siéndole interesante a alguien. Ya se sabe, el mundo es un pañuelo... (Y nosotros, los mocos).

Mis desvaríos me hacen separarme del propósito incial de esta entrada, que no es otro que el de bautizar debidamente al retoño. Ahora mismo, mi imaginación está de vacaciones, así es que lo prorrogaremos. Además, un título tiene que ser algo impactante, que enganche, que sea difícil de olvidar, que... Bueno, eso...

Bien mirado, el título actual es bastante filosófico... ¿Quién no se ha hecho esa pregunta alguna vez? Cuando te cae algún marrón por abrir la boca, cuando haces algo mal, cuando te metes en un "fregao" por hacer un favor a alguien... Lo cierto es que las personas estamos todo el día arrepintiéndonos de cosas.
Somos algo así como máquinas de meter la pata... Ajustadas a la perfección para andar siempre metidos en líos extravagantes y buscándonos problemas existenciales en la forma de atarse los zapatos o de si llevar o no paraguas...
Que sepáis, que decidáis lo que decidáis, a alguien siempre la parecerá una cagada. XD

Y como no me pongo de acuerdo conmigo mismo, pido disculpas (¿quién me mandaría a mí?) y dejo el nombre como está. ¡Ea!
Eso sí, se aceptan sugerencias :)

En fin, me voy a ZzzZZzZZzzzZ, que ya es hora...

14 septiembre 2005

Lo que hace la envidia...

Hete aquí que llevaba yo tiempo rumiando las posibilidad de comenzar un blog y al final ha tenido que ser la vil envidia (sana, eso sí) la que me ha obligado a hacerlo...

Por que no hay nada peor que estar dudando en si hacer algo o no, para que llegue alguien con todo su buen (o mal) corazón y te diga: "He hecho x" Y a x démosle el valor "eso que tantas ganas tenías de hacer pero no te decidías"

Por supuesto, la situación puede empeorar con frases del estilo: "No veas qué divertido", "me encanta", "es un sueño hecho realidad" y similares. Dichas frases pueden hacer que a uno se le salga toda la bilis de un plumazo, dependiendo, por supuesto, del tipo de hazaña realizada por el "contertulio".

Digamos que crear un blog entra dentro del nivel bajo de dolor provocado. Puede haber cosas peores como que te digan: "He probado un Alfa 159. Sí, el nuevo modelo que tanto te gusta y que aún no está a la venta (y que jamás te comprarás porque no llegas a fin de mes, todohayquedecirlo)", "me ha tocado la quiniela y eso que tú la echas todas las semanas y yo una vez al año"... Este tipo de frases, sin duda, pueden romper amistades (previamente es probable que rompan los huesos del que las dice).

Vamos que la envidia es muy mala, aunque a veces (como ahora) digan que es sana... Eso es una vil excusa de la que nos valemos los seres humanos para intentar tapar nuestras miserias.
En definitiva, como soy un envidioso, he empezado un blog. Luego ya veremos lo que escribo, aunque por supuesto, si es por envidia, lo haré a diario, ¡y varias veces si hace falta!

No me queda sino dedicar el arranque de este blog a la causante de mi envidia :P (ella ya sabe quién es).